viernes, 21 de enero de 2011

Comprar, tirar, acumular, ordenar, tirar, comprar, encasquetar...

Hace mucho que me habéis escuchado hablar de este tema.. de cómo estamos acumulando de forma absurda tantísimas cosas que no necesitamos y que luego tenemos que ordenar, quitar el polvo, encasquetar a algún incauto, dar a "quien pueda necesitarlo" o, simplemente, tirar a la basura.

Me alegró escuchar justo antes de irme que iban a emitir el documental de "Obsolescencia programada" en La 2. Eran nuestros últimos días en España y no hubo tiempo para verlo, comentarlo, criticarlo.. Ayer, después de una semana de regreso, pudimos verlo en rtve a la carta.

Como dice Isa, podemos estar de acuerdo en parte, en nada o absolutamente en todo, pero lo increíble es cómo en los años 20 los fabricantes de bombillas de todo el mundo se pusieron de acuerdo para limitar el uso de las bombillas a 1.500 horas. Con lo que hoy cuesta alcanzar cualquier tipo de acuerdo sobre cualquier tema, ¿no es sorprendente?

Más allá del propio concepto de "obsolescencia programada", que no por ser algo conocido por todos deja de sorprendernos, mi pesadilla es la "diogenización" de nuestras vidas. Personalmente me cuesta mucho tirar las cosas a la basura, así que me paso la vida (al menos estos últimos diez años), revolviendo la porquería que he acumulado en estos treinta años: que si apuntes de COU por aquí, a esa caja; esos vaqueros de talla 46 que ya no me valen, al altillo por si acaso; esa radio-despertador que funciona perfectamente pero tiene fastidiado el sintonizador, a un rincón a esperar el momento de abrirlo y arreglarlo; esos regalos de Guate o India que nunca os entregué, al altillo por si encuentro la ocasión de sacarlo.. Así con mil puñetas.

Todo tiene un límite, y creo que lo rebasé hace cinco años (más o menos). Me di cuenta de toooooda la porquería que acumulaba de forma innecesaria (entiéndase por porquería cosas que pueden tener su valor -incluso regalos estupendos y caros- pero que prácticamente no has usado nunca o no usarás...). De ahí vino mi teoría de "CON UN REGALO BASTA!" para evitar acumular cada Navidad diez puñetitas nuevas, descartar cualquier regalo de cumpleaños, santo o cualquier tipo de detalle. Recuerdo un compañero uruguayo de la oficina que me trajo un estupendo marco de piel porque se había enterado de la boda... Lo miré, se lo agradecí mucho pero le dije que no podía aceptarlo. Me miró extrañado sin parecer entender mi explicación, así que acabé agradeciéndolo con mayor ahínco y con la mejor de mis sonrisas. ¿Donde está ese marco? Seguramente en una de las cajas que vino de Barcelona esperando una foto para colocarse en algún rincón de casa.. ah, casa... pero si no tenemos casa! pues paciencia, ya llegará!

Se que mezclo dos temas: la fabricación de bienes de consumo con fecha de caducidad como si fueran yogures desnatados y la acumulación de puñetitas innecesarias, pero en el fondo es un único tema el que me preocupa: la generación de residuos que está haciendo que nuestro planeta se atragante entre tanta basura tecnológica -electrodomésticos, pantallas, chips, teclados, móviles, cargadores-; tanto vertedero descontrolado que sirve para que niños y mujeres se busquen la vida y tanto material reciclable que acaba siendo eliminado.

Mi campaña de "no regalos, gracia!" me está surtiendo mi efecto... agradezco detalles (libros que algún día colocaré en la estantería de casa -oh, casa!-), pero insisto en que deberíamos plantearnos reducir el consumo, hacer un regalo entre todos en vez de uno cada uno...

Sobre la obsolescencia, dejo aquí el artículo de actuable, que seguro que lo cuentan mejor que yo.
http://info.actuable.es/2011/01/comprar-con-cabeza-no-tirar-si-no-es-necesario-comprar-cada-vez-menos/

¿Que tiene que ver esto con Camboya? Pues que aquí, a pesar de la escasez de recursos, muchos ya se han tragado la absurda película de "consume más, serás más feliz!".

¿Será que podemos vivir con un poquito (o mucho) menos de lo que tenemos? Intentadlo.

Abrazos,


No hay comentarios:

Publicar un comentario